LA HILANDERA — A Venezuelan Poet – Steemit

A Venezuelan Poet

Source: LA HILANDERA — Steemit

Poema La Hilandera, (todos los créditos al final del vídeo)

El post que publiqué ayer (puedes verlo aquí) trajo a mi memoria tantas cosas hermosas que viví en mi ciudad, especialmente lo maravillosa que fue la etapa de educación primaria que cursé en la EB “Andrés Eloy Blanco” de Cumaná, estado Sucre, Venezuela, donde nos enseñaron el amor y el respeto hacia este insigne personaje y sobre todo a su obra. Recuerdo que yo era parte del coro de la escuela, de la banda marcial y de la estudiantina. Y todos los años nos preparábamos para los actos de celebración del natalicio del poeta. Pero hubo un acto que quedó grabado en mi recuerdo… dos compañeros del coro hicieron gala de sus dotes histriónicas e interpretaron la obra que aquí les transcribo, el poema La Hilandera, con tanto sentimiento y sentido de pertenencia que hicieron aguar los ojos de todos los presentes en el patio de la casa natal del autor. Literalmente todos nos quedamos viendo “por el cristal de las lágrimas”.

Dijo el hombre a la Hilandera:
a la puerta de su casa:
—Hilandera, estoy cansado,
dejé la piel en las zarzas,
tengo sangradas las manos,
tengo sangradas las plantas,
en cada piedra caliente
dejé un retazo del alma,
tengo hambre, tengo fiebre,
tengo sed, la vida es mala.
Y contestó la Hilandera:
—Pasa.

Dijo el hombre a la Hilandera
en el patio de su casa:
—Hilandera estoy cansado,
tengo sed, la vida es mala,
ya no me queda una senda
donde no encuentre una zarza.
Hila una venda Hilandera,
hila una venda tan larga
que no te quede más lino,
ponme la venda en la cara,
cúbreme tanto los ojos
que ya no pueda ver nada,
que no se vea en la noche
ni un rayo de vida mala.
Y contestó la Hilandera:
—Aguarda.

Hiló tanto la Hilandera
que las manos le sangraban.
Y se pintaba de sangre
la larga venda que hilaba.
Ya no le quedó más lino
y la venda roja y blanca
puso en los ojos del hombre,
que ya no pudo ver nada.
Pero, después de unos días,
el hombre le preguntaba:
—¿Dónde te fuiste, Hilandera,
que ni siquiera me hablas?
¿Qué hacías en estos días,
qué hacías y dónde estabas?
Y contestó la Hilandera:
—Hilaba.

Y un día vio la Hilandera
que el hombre ciego lloraba,
ya estaba la espesa venda
atravesada de lágrimas,
una gota cristalina
de cada ojo manaba.
Y el hombre dijo:
—Hilandera,
¡te estoy mirando a la cara!
¡Qué bien se ve todo el mundo
por el cristal de las lágrimas!
Los caminos están frescos,
los campos verdes de agua;
hay un iris en las cosas,
que me las llena de gracia.
La vida es buena, Hilandera,
la vida no tiene zarzas,
¡quítame la larga venda
que me pusiste en la cara!
Y ella le quitó la venda
y la Hilandera lloraba
y se estuvieron mirando
por el cristal de las lágrimas
y el amor, entre sus ojos…
hilaba.

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